sábado, noviembre 16, 2013

CABALLITOS DEL DIABLO

lunes, 24 de junio de 2013
http://www.almabiologica.com/2013/06/caballitos-del-diablo.html
 
Caballitos del diablo
 
 
Las crónicas japonesas del siglo V de nuestra era cuentan como Yuryako Tenno, vigésimo primer emperador de Japón, cazaba un día en una llanura de la actual provincia de Nara cuando fue importunado por un tábano. Al susodicho animalito no se le antojó otra cosa que hacer una degustación gratuita de sangre real, picando al emperador para satisfacer el singular capricho sin ni siquiera un sumimasen de por medio (con permiso, en japonés), lo cual es todo un ultraje en la cultura más educada del mundo. El emperador, física y mentalmente irritado, poco podía hacer para vengar tamaña afrenta una vez el insecto emprendió el vuelo, pero ese instante, una libélula descendió en picado y arremetió contra el vampiresco animal, devorándolo al instante.
Sumamente complacido con la acción, el emperador renombró la zona como Akitsu-no, o lo que es lo mismo, Llanura de la Libélula. Este hecho, según las citadas referencias, fue el origen del antiguo nombre de Japón: Akitsu Shima o Las Islas Libélula.
Las libélulas, que ya de por sí tenían buena reputación en esa lejana nación, fueron llamadas kachi-mushi (insectos victoriosos) y consideradas como sinónimos de buena suerte. Por tal motivo, comenzaron a ser utilizadas como motivos decorativos en los cascos de los samurai y a aparecer en los emblemas familiares de los nobles.
Desde entonces llegaron a ser muy populares, lo cual es sólo una muestra de cómo la extraordinaria variedad cultural que hemos desplegado por el planeta está sujeta muchas veces a los detalles más insignificantes.
Pero por ello mismo, lo blanco para unos, puede ser gris o negro para otros, particularmente en el caso de los odonatos (nombre científico para las familias de las libélulas), cuya consideración difiere radicalmente de una cultura a otra y pasa por todos los estados posibles de la virtud a la infamia. Para los chinos, por ejemplo, las libélulas representan la inestabilidad y debilidad. En Australia tampoco se les tienen demasiada estima y en cambio para los indios navajos representan la pureza del agua. En Europa la reputación viene a ser aún más siniestra, pues desde el siglo XV estos insectos fueron vinculados al diablo infundadamente, aunque algunas de aquellas historias han quedado muy arraigadas en las costumbres.
La noche de San Juan, noche mágica por excelencia del año, se encuentra repleta de innumerables ritos para allanar el destino y obtener otras gracias de la diosa Fortuna, sobre todo con la proliferación de tanto vidente e iluminado del desempleo. Aunque en el lado de las tradiciones, una leyenda cántabra cuenta que, sólo en ese día, los llamados caballucos del diablo pueden salir de su infernal morada para, entre otras fechorías, destrozar los campos en busca de los tréboles de 4 hojas nacidos esa misma noche. De esa forma evitan que los hombres puedan encontrarlos y les sean concedidas las cuatro gracias de la vida, una por hoja: vivir 100 años, no sufrir ningún dolor, no pasar hambre y soportar cualquier contrariedad con entereza.






Y éste del centro, aunque no se vea bien, de 5 hojas
Estos caballos originarios del infierno son 7, encarnan a hombres que perdieron su alma por sus pecados y cada uno tiene un pelaje de distinto color. Eran realmente temidos por la población y su visión considerada signo de mal presagio, por lo que la gente se protegía con una planta sagrada que los hacía inmune. Tienen unas grandes alas transparentes por lo que presentan un gran parecido a libélulas gigantes, por ello algunas de las familias de odonatos quedaron marcadas con el nombre popular de caballitos del diablo.





Supuesta recreación de los caballucos
Lógicamente libélulas y caballitos poco tienen que ver con el ardiente infierno, justo lo contrario, pues su medio de vida gira entorno al agua, allí cazan otros insectos al vuelo, ponen sus huevos y las larvas viven de forma subacuática hasta que se trasforman en los adultos alados que conocemos.





larva de caballito del diablo recogida del fango de una charca
Los caballitos se diferencian de las libélulas comunes por su menor tamaño y sus ojos más separados, así como por la disposición de sus alas cuando se encuentran en reposo, ya que estos las pliegan sobre sí, mientras que las libélulas las dejan extendidas como un helicóptero, al margen de que su vuelo es menos potente. Sin embargo sus costumbres reproductoras son muy parecidas y peculiares. Cuando el macho divisa a una posible hembra receptiva, se acerca a ella y la sujeta por la nuca con unos apéndices especiales que tiene al final de su abdomen. A veces, el excitado caballito en su ciego fervor, por equivocación o quién sabe si por aquello del toque exótico, sujeta a una hembra de otra raza, ante lo cual el galán sólo se llevará un desengaño amoroso. Pero cuando no hay equivocación y es aceptado, la pareja queda materialmente encadenada. Llegado el momento, la hembra dobla totalmente su abdomen hasta llevarlo al órgano sexual del macho, situado en la parte inferior del segundo segmento abdominal (detrás de las patas), quedando encadenados en una especie de eslabón, pero antes de consumar el acto el macho se asegurará del limpiar el esperma de un posible compañero anterior. Después volverán a la configuración en cadena. Los caballitos pueden permanecer encadenados incluso hasta la puesta de huevos, desplazándose por el aire en esta formación dual, de esta forma el macho se asegura la “fidelidad” de su pareja.






Formación en cadena, con el macho sujetando a la hembra por el cuello
Hoy día, ni los caballucos son temidos ni las libélulas tienen la misma consideración en el país del sol naciente (que es lo que significa Nippon o Nihon, actual nombre japonés de este país), pero ambos insectos han dejado algún otro legado bastante curioso, pues su conducta sexual fue fuente de inspiración para alguna postura de un famoso y antiguo texto hindú creado hace más de 2.000 años, el kamasutra, donde una de las “poses” se denomina, precisamente, la libélula.


Escrito en mayo de 2007 en Morón de la Frontera

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