miércoles, marzo 05, 2014

NAPOLEON

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José Luis Díaz Ramírez
Con la colaboración de Miguel Ángel de Alba
Cantante, compositor, torero. José María Napoleón, ha realizado a lo largo de su vida con gran éxito, las actividades que más le han apasionado, brindándole múltiples triunfos y alegrías… “Yo siempre he creído mucho en la humildad y en la sencillez, y siempre he pensado que lo que tengo es un regalo de la vida, de dios”.
¿Dónde y cuándo nace?
Nací en Aguascalientes en 1950. Mis padres son Rafael Ruiz de Lara (†) y María de Jesús Narváez Narváez. Mi padre era una persona humilde y mi madre nació en pañales de seda, hija de un hacendado jalisciense, descendiente de españoles. Por cosas de política, mi abuelo fue despojado de sus bienes y mi madre quedó huérfana a los ocho años, por lo que de la cuna de seda pasó a la tierra, a trabajar en el campo. Después se vinieron a vivir a Aguascalientes y tanto mi madre como sus hermanas tuvieron que ser las proveedoras de la casa. Mi nombre es José María Napoleón, porque mi padre aunque humilde, leía mucho y admiraba a Napoleón Bonaparte.
¿Qué característica recuerda más de su mamá?
La música. Cantaba muy bonito y fue quien me inculcó el gusto por la música, me guió por ese camino. Yo comencé a escribir cuando encontré en la basura un libro de Manuel Acuña llamado “La Luna”, junto con el de “Robinson Crusoe”. Apenas tendría unos 10 años de edad.
Manuel Acuña no me dijo nada, pero sí sus versos, porque sin comprenderlos del todo, veía que las palabras sonaban. Comencé a entender que en los versos de cuatro líneas siempre la tercera con la cuarta palabra se escuchaban igual. Escribí mis primeras cosas como a los 13 ó 14 años y empecé a tutearme con las palabras, a hacerlas mis amigas… luego, Víctor Manuel Esquivel me condujo, pero decía que no perdiera lo que yo tenía, porque si escribía técnicamente podía perder mis palabras sencillas. Él era un personaje yucateco de la crónica taurina, que se estableció en Aguascalientes. Tuve otros amigos, como la familia Ávila, con quienes empecé a “aporrear” el piano. Yo me acerqué a la gente con mi guitarra, gente que económicamente tenía maneras y modos. Compartían conmigo sus fiestas, sus reuniones, y comencé a abrirme puertas y a ganarme un peso. A los 16 años empecé a llevar serenatas.
¿Cuántos integraron su familia?
Somos seis hermanos: Guadalupe, Noé (Fabián), José María Napoleón, Eleazar, María de Jesús y Camila.
¿Alguien más trae la vena artística?
Mi hermano Fabián es torero y ha escrito alguna que otra canción.

En 1977, el Canta Autor logra el primer lugar del Festival OTI,con la canción "Hombre".
En la imagen, interpretando durante dicho espectáculo.
¿Cuál fue su primera canción?
“Papel” y “Esta tarde”, pero nunca las grabé. La primera canción que grabé fue “El Grillo”, a los 15 años, y la escribí en un tentadero, donde estaba como muchos aspirantes sentado en las gradas mientras el matador Antonio Lomelín tentaba una becerra, la cual me dejó torear. Estuve más o menos, porque no es lo mismo iniciar una tienta que agarrar “las tres”.
¿Por qué se hizo matador de toros?
Fue algo chistoso. Hice una apología del toro en una feria de abril, en San Marcos… En Aguascalientes había raíces más profundas y la Cava Domecq se convertía en un patio de fiestas después de cada corrida, donde al final de la temporada se entregaban los premios a los toreros, a los ganaderos, banderilleros, picadores, la mejor faena, la mejor estocada. Una de esas tardes hice la apología al toro, que decía:
“Al toro por su bravura,
por su trapío,
por su estampa;
al toro de cinco hierbas que se emplasta,
que se planta, que se duda para irle,
para llegarle a la cara”.
A José Julián Llaguno le gustó mucho el verso. Pasé por la mesa de Miguel Espinoza, que siempre ha sido un vivaz amigo, de muchas puyas, y me dijo ¿quién no escribe un pinche verso? Lo reté y le pregunté cuánto tiempo quería para escribirlo. Hicimos una apuesta a cumplirse en el plazo de un año: él escribía el verso y yo me hacía matador de toros. Me hice matador de toros, pero confieso que era tarde. Tiene mucho mérito el que se planta ante un toro, porque hay que tener mucho valor, además de otros ingredientes. Pero el valor es el ingrediente principal, el más importante, para poder estar frente a la cabeza del toro y pensar. Al año siguiente recibí la alternativa en San Miguel de Allende, junto con José Manuel Espinoza, y el mismo Miguel fue quien me contrató. Pero antes tuve una tarde desastrosa: éramos seis toreros de Aguascalientes, y un toro de Pepe Garfias se estrelló y se lastimó la columna, por lo que arrastraba los cuartos traseros. Como yo era novillero, fue el que me dejaron. Era un festival muy importante, pero no pude hacer nada. Regresaron el toro a los corrales. Sacaron otro, muy bizco, al cual toree bien pero pinché como 14 veces. Encastado, al otro día fui a reclamarle a Fermín por qué me había dejado el toro defectuoso. Mi bronca se calmó cuando me dijo: “¿Por qué no tomas la alternativa en San Miguel de Allende?”.

Para 1982, cuando triunfa con “Celos”, era ya un artista consumado.
¿Cómo llegó al Distrito Federal?
Toree una novillada con otros cuatro toreros y corté una oreja. José Luis Ornelas, gente del toro de toda la vida, cuando estábamos festejando me presentó a Gilberto Rivera “el Watson” (qepd) y me hizo cantarle varias canciones. Después me preguntó si quería ser cantante y le dije que no, que yo quería ser torero.
- Bueno, si algún día quieres ser cantante, búscame.
Era el gerente de ventas de Discos Musart. Dos años después fui a verlo y ahí empezó la historia. Me hizo cantarle a Guillermo Acosta, quien de inmediato mandó traer un contrato, pero no lo firmé y, prácticamente, me escapé… Regresé un año después y Guillermo Acosta no me quiso recibir. Ya en la calle, el vigilante de la empresa me correteó un buen tramo para que fuera a entrevistarme con Acosta.
- ¿Ahora sí va a firmar?
- Sí, señor, sí voy a firmar. –Dije.
¿Cuál fue su primer disco?
“El grillo”. Y él fue quien me puso el poeta de la canción. Un día llegó el señor Raúl Cabarga cuando estábamos grabando; él dirigía un programa llamado “Pandorama”, conducido por Pepe Alameda, en el que participaban figuras internacionales. Me invitó a su programa y me fui para atrás. Pero en su programa había que interpretar seis canciones y sólo iba a grabar un disco de cuatro. Guillermo Acosta dijo entonces que iba a grabar doce y lo hicimos en dos meses. ¡Ese programa me lanzó en toda la República, cuando tenía 18 años de edad, en 1971!
Eran seis canciones mías y seis de otros compositores: “Y volveré”, “El grillo”, “Dos flores al viento”, “Cada cual busque su rosa”… Hice el programa y la Casa Domecq se interesó en mí, por lo que me contrató para hacer giras, desde Yucatán hasta Tamaulipas, luego por el centro y luego por todo el Pacífico. Recorrí todo el país en tres meses, por carretera… pero no todo fue miel sobre hojuelas. Cuando salió Guillermo Acosta caí en manos de Jaime Sánchez Rossaldo y nos volvimos buenos amigos; hicimos dos discos con un productor francés, Jean Paul, y con Rafael Ferro, pero por alguna razón mis canciones empezaron a ser más profundas, comencé a escribir más cosas.

En su estudio, trabajando en proyectos futuros, reflexiona…
“Transcurro por la vida de una manera muy sencilla porque sé hacia donde voy.
Ahora me dedico a tratar de llevar lo mejor a mi familia,
porque sé que su presencia es la que más agradeceré al final.
¿Cómo surgió “Hombre”?
En Zacatecas un señor humilde se acercó y me dio una carta, en la que decía que siendo una persona de origen humilde, campesino de oficio, dios le había negado muchas cosas en la vida, y que yo, siendo artista, le regalara 70 mil pesos para que hiciera su casa. El señor no me dejó ni a sol ni a sombra durante los ensayos. A ese señor no le compré su casa, pero yo compré mucho con lo que él me dio porque me inspiró la canción de “Hombre”, aunque ese día sólo gané trece pesos. Sé de dónde vengo y hacia dónde voy; sé que la vida es una continua lucha. Por eso no le pidas, hombre, al Señor que te dé una casa. Después, con la canción “Vive”, que obtuvo un cuarto lugar en el festival OTI, tuve que vender mi Volkswagen para poder grabarla. A los tres meses había vendido más de un millón de copias. En 1976 me comprometí a comprar una casa para mis padres. Ganaba como 12 mil pesos por contrato y me quedaban siete. Me dio temor porque tenía que pagar 500 mil pesos en 30, 60 y 90 días. ¡Era un dineral para mí! Alberto Aguilera me dijo “¡Aviéntate, cómprala… Si se te atora el barco, ¡yo te ayudo!” La terminé de pagar en dos meses, porque no había cobrado mis regalías y ya se había juntado como un millón de pesos.
¿Lo mareó el éxito?
Sí, cómo no. Decía Carlos Arruza que él no conocía a nadie que supiera manejar la fama. Con el premio de la OTI en 1977, que fue un millón de pesos y un reloj Rolex (que por cierto, me acaban de robar, no saben lo que se llevaron), compré un departamento de dos pisos en San Ángel. Fue lo primero que tuve, pero también regalé una casa a cada uno de mis hermanos. Desde entonces, en silencio, ayudo en todo lo que se puede a la gente que lo necesita: hacemos conciertos para orfanatorios, para niños enfermos, y de algún modo regreso algo de lo que he recibido.
Mi carrera se detuvo porque así lo decidí. Jaime Sánchez Rossaldo firmó un contrato en Argentina con la disquera Cisne Raff y Televisa me amenazó a través de Raúl Velasco para que deshiciera ese contrato. En una cena, Enrique Borja me puso un cheque de 1.3 millones de pesos para firmar con ellos e Ignacio Morales, de Melody. No lo firmé y me puse una soga al cuello. Se acabó la relación con mi representante por cuestiones de dinero, de mala manera. El dinero siempre ha sido muy maligno. Empiezo a tropezar y  a tropezar. Firmé un contrato con Ariola para pagar a los argentinos. Mi carrera comenzó a irse a pique, a pesar de grabar muy buenos discos, de relacionarme con los compositores y los artistas del momento. ¿Qué hice entonces? Volví la vista a  los toros. Tuve una tarde en Aguascalientes, pero no estuve bien e incluso el toro me rompió tres costillas. Estuve en el hospital, pero feliz. Me llamaron de León, Guanajuato, y de ahí toree más de cien corridas.

Como torero, como artista, como cantante, ha sido muy asediado por las mujeres. ¿Cómo ha manejado las cuestiones del amor?
Tuve muchas oportunidades de andar con mujeres muy guapas, pero nunca me aproveché de nadie. Además, no todo lo que se ha dicho es cierto. El amor es una forma de vida, no un cuestionario para llenar. El amor no se contabiliza por las conquistas que has hecho. No te enamoras un montón de veces, sino una o dos. Siempre fui más enamorado del amor que de las personas. Además, los estados de ánimo se vuelven canciones, y las mejores canciones nacen de los momentos difíciles de la vida.
¿Cómo y cuando se casa?
Me casé muy chavo, como un juego, con Rosario de Alba. En la segunda vez que salíamos, decidimos casarnos. Nos habíamos conocido en una promoción de discos en Querétaro; éramos inocentes, sin experiencia… duramos muy poco tiempo casados y tuvimos dos hijos: Linda, quien es Maestra Educadora y Christian, quien estudió comunicación en La Salle del D.F. y se quedó en esa Universidad como maestro; él  también escribe y compone.
Regresé a Aguascalientes en 1981, con mis hijos, y después de un tiempo de vivir muy solo, conocí a María Susana de Alba, Susan, con quien felizmente me casé hace 28 años y tenemos cuatro hijos: Susana, María José, José María y Natalia, quienes por cierto, no sabían que yo era cantante, pues me conocieron como torero. A José María que tiene 22 años, también le gusta cantar y componer; igualmente le gusta el toro y lo hace muy bien, pero lo suyo es cantar. Acabamos de regresar de una promoción y está esperando algunas respuestas, porque no quiere depender de mí. Canta conmigo en mis presentaciones, en los coros, y a medio show lo presento.
¿Cual es tu canción predilecta?
Todos los sentimientos de que hemos hablado han producido todas las canciones que he hecho y eso ha sido maravilloso, yo vivo eternamente agradecido con las personas que los provocaron porque todas ellas dejaron cosas buenas que me ayudaron a ser lo que hoy soy, y de ellas se rescatan las cosas bellas que nos entregamos; por ejemplo Pajarillo. Ella, quien era una prostituta de quien yo era mandadero cuando tenía ocho años de edad, nunca supo que le escribí una canción, nunca supo que dejó una huella en mí, y sin embargo inspiró una de mis canciones de más éxito.
Me gustan todas. La que me dio la llave para abrir todas las puertas, la mas sencilla, fue la que no se complica, “Vive”: “Nada te llevaras cuando te marches, cuando se acerque el día de tu final; vive feliz ahora mientras puedes, tal vez mañana no tengas tiempo para sentirte despertar”… esto, es una verdad de todos conocida, estamos aquí de paso nada más, la vida es un proceso prestado, y uno lo sabe pero no lo quiere entender.
¿Cuales son las satisfacciones más grandes que te ha dado ser el poeta de la canción?
Evidentemente estoy muy agradecido con José José quien ha sido mi principal interprete; el escucharme en la voz de Vicente Fernández, Pepe Aguilar, Pedro Fernández, Yuri, en España  Elsa Baeza, Maciel; Frank Pourcel, con una versión de orquesta de “Lo que no fue no será” o la hermosa versión de la canción “Celos”, que hizo Plácido Domingo, me hace ir hasta el cielo.
Yo siempre he creído mucho en la humildad y en la sencillez y siempre he pensado que lo que tengo es un regalo de la vida, de dios, porque yo no podría mirar por encima del hombro a nadie, transcurro por la vida de una manera muy sencilla porque sé hacia donde voy, y sé que el espejo me va diciendo todos los días que mi aspecto va cambiando, que debo entender las cosas como son. Ahora me dedico a tratar de llevar lo mejor a mi familia, porque finalmente sé que la presencia que más agradeceré al final, es la de Susan y la de mis hijos, lo demás son solo recuerdos colgados en las paredes, será la satisfacción de haber conseguido algo con el paso de los años y que sin embargo llenarán solo unos aspectos de mi vida.
José María, ¿cómo te gustaría que se escribiera tu epitafio?
Hace mucho tiempo lo escribí en una canción que dice:
Cuando me muera, no quiero ni claveles ni coronas
cuando me muera yo quiero que me transcurran las horas
cuando me muera yo quiero que rece así mi epitafio,
‘Aquí nace un verso en prosa, una palabra con canto’ ”,
Pero no quiero que diga eso la tumba, quiero que diga “VIVE”.

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