miércoles, enero 21, 2026

GATITO TOCANDO A LAS 4 AM LA VENTANA PARA ENTRAR.



Yo creé a este monstruo y ahora pago las consecuencias

Todo empezó hace unos meses. Negro quería entrar a la casa y yo no lo escuchaba maullar. Entonces el muy inteligente empezó a golpear la ventana con la pata. Yo lo escuchaba y le abría. Problema resuelto, pensé

ERROR. Ahora toca la ventana PARA TODO. Quiere entrar, toca. Quiere salir, toca. Quiere que lo vea, toca. Se aburrió afuera, toca. Y lo peor es la hora que eligió para hacerlo

4 de la mañana. TODOS LOS DÍAS. Toc toc toc toc. El sonido de su pata contra el vidrio me despierta de golpe pensando que alguien quiere entrar a robar. Pero no, es él exigiendo que le abra la puerta

He intentado ignorarlo. No funciona. Toca más fuerte. Toca con las dos patas. Una vez lo ignoré 20 minutos y cuando salí tenía cara de que iba a romper el vidrio

Ya ni pongo alarma. Tengo un gato-despertador que nunca falla y no tiene botón de snooze

lunes, enero 19, 2026

GUINESS, EL GATO QUE HIZO AMISTAD CON UN HOMBRE A 30 PISOS DE ALTURA




Guinness era un gato negro que vivía en un apartamento en el piso 30 de un rascacielos de Londres. Era un gato de interior y nunca salía afuera. Pero tenía un mejor amigo. Su mejor amigo era un limpiador de ventanas llamado Stephen.
Cada martes, Stephen bajaba su plataforma por el costado del edificio. Cuando llegaba al piso 30, Guinness ya lo estaba esperando. Guinness perseguía la escobilla de Stephen a través del vidrio. Daba zarpazos a la ventana. Saltaba y giraba. Stephen le seguía el juego: hacía caras graciosas y dibujaba caritas sonrientes en la espuma del jabón para el gato. Jugaban durante 10 minutos cada semana. Era el momento más especial para ambos.
Un martes, Stephen no vino. Guinness esperó en la ventana. Maulló. Caminó de un lado a otro. Bajó otro limpiador de ventanas. Guinness corrió hacia el vidrio, pero el hombre nuevo lo ignoró y solo siguió limpiando. Guinness se alejó con la cola baja.
Stephen no regresó durante seis meses. Había enfermado gravemente y estaba en el hospital luchando contra una infección severa. Cuando finalmente se recuperó, volvió al trabajo. Estaba débil, pero quería ver a su amigo.
Bajó la plataforma, nervioso.
“¿Se acordará el gato de mí? ¿Se habrán mudado?”
Llegó al piso 30. Guinness estaba dormido en el sofá. Stephen golpeó suavemente el vidrio. La cabeza de Guinness se levantó de golpe. Vio a Stephen.
El gato se lanzó contra la ventana. Maulló tan fuerte que Stephen pudo oírlo a través del vidrio grueso. Frotó su carita contra el cristal, ronroneando. Stephen comenzó a llorar en su plataforma, a 30 pisos de altura. Apoyó su mano en el vidrio. Guinness apoyó su patita contra la mano de Stephen.
El dueño del gato tomó una foto. Se volvió viral. Demostró que la amistad no tiene barreras, ni siquiera una lámina de vidrio a 300 pies del suelo.
“La emotiva reunión de Stephen y Guinness te derretirá el corazón. Descubre cómo su vínculo cruzó barreras y conmovió a millones”.

jueves, enero 08, 2026

LA LECCIÓN DEL SAPO


La lección del sapo
Si agarras un sapo,
lo pones en una olla con agua
y la llevas al fuego,
verás algo curioso.
El sapo se adapta.
Siente el cambio,
pero se queda.
El agua se calienta poco a poco
y él sigue ahí, ajustándose.
Cuando el agua llega a hervir,
al sapo le gustaría saltar…
pero ya no puede.
Está demasiado débil y cansado
por tanto adaptarse.
Muchos creen que lo mató el agua hirviendo.
Pero no.
Lo que lo mató fue no saber cuándo saltar.
Y así pasa con las personas.
Nos adaptamos a lo que duele,
a relaciones abusivas,
a trabajos que apagan,
a amistades que solo quitan.
Nos convencemos de que “no es tan grave”,
de que “podemos aguantar un poco más”.
Hasta que un día…
ya no tenemos fuerzas ni para salir.
Deja de adaptarte a lo que te quema.
Si algo te está destruyendo por dentro,
salta.
Salta a tiempo.
Tu vida vale más que tu costumbre.